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Capri

octubre 1, 2014

Creo que uno de los lugares más hermosos en los que estuvimos en Italia fue la Isla de Capri. El lugar no tiene ganada tanta fama porque sí. Nunca en mi vida (hasta ahora) vi, por ejemplo, un paisaje tan hermoso como su arco natural.

Vista del arco natural de Capri

Vista del arco natural de Capri

Pero, en esta vida siempre hay un pero. Y Capri tiene varios, que yo quiero comentarles en este post, porque quizá pueden parecer obviedades pero si te agarran desprevenido, te pueden empañar el viaje.

1) Es muy caro: como para que se den una idea, en el centro comercial las mujeres no se paran sólo a ver vestidos: se paran también a ver vidrieras de inmobiliarias y a comentar los precios (true story, lo vimos con nuestros propios ojos). Claro que las mujeres pudientes que van a comprar casas de veraneo no son las únicas que hacen turismo en la isla, pero al mirar los precios no es difícil adivinar que es el público que más les interesa. Esto no quiere decir que no se pueda recorrer de forma barata, pero sí que hay que tener más cuidado, y que lo ideal sería ir pensando en el “sanguchito” por el camino y descartar la idea de comer en algún “restaurante barato”.

Tip: respecto a la comida, hay algo que no puedo omitir. Una vez llegados, subiendo por la calle de los autos, un par de cuadras, hay un súper-mercado. Según me dijeron, es uno de los pocos que hay en la isla, por lo menos en la zona más turística (y por cierto, también es más caro que un súper en el continente). Pero es fácil encontrarlo porque hay carteles que indican “panini caprese” y te marcan con una flecha para dónde hay que ir. Sí, hay que seguir la ruta del “panini caprese” y llegar al súper. Allí, en el fondo de la pequeña tienda, hay un sector de fiambres, donde el señor mayor que atiende seguramente les ofrezca el famoso panini por € 3,50. Si los tienen, no dejen de aceptarlo. Es el mejor sanwdwich caprese del mundo (yo tampoco me había dado cuenta hasta entonces que “caprese” viene de “Capri”, pero cuando probás lo sabores de los ingredientes, no caben dudas jaja). Además es abundante, rico, y sano. Imperdible.

El famoso Panini Caprese de Capri !

El famoso Panini Caprese de Capri !

2) Es cansador: bajo ningún punto de vista comentan la locura que cometimos nosotros de querer recorrer Capri con la mochila a cuestas. Busquen algún lugar para dejarlas a salvo, y disfruten de la isla livianos. Es lo más importante que les puedo decir.

Lo mejor que tiene la isla, que son sus hermosos paisajes, se ven desde arriba. Ir a la isla para quedarse al nivel del mar donde te deja el ferry no es, justamente, la mejor manera de aprovecharla. Pero deben saber que las subidas son muy agotadoras (el punto más alto de la isla tiene 589 mts.), que casi todas son por escaleras largas, que además bajo el rayo del sol en un día caluroso se hacen más largas todavía. Y que si vamos muy cargados, se hacen casi imposibles (debo confesar que, con la mochila, llegue al punto de tirarme en el piso lagrimeando porque las piernas no querían dar ni un paso más y teníamos que sí o sí seguir subiendo para poder volver).

No es la muerte de nadie, te ayuda a bajar el sandwich caprese, y la recompensa es impagable, pero el que avisa no traiciona: vayan preparados psicológicamente para entrenar las piernas al límite.

Uno de los paisajes que se pueden disfrutar desde las alturas de Capri

Uno de los paisajes que se pueden disfrutar desde las alturas de Capri

3) El mar se paga: cuando estábamos ya súper cansados después de haber estado horas caminando en ascenso por escaleras, lo único que queríamos era darnos un baño en esas hermosas aguas azules que se veían a través del arco natural. Así fue que vimos un cartel que indicaba que bajando por esa escalera llegábamos a la playa y fuimos por ese camino. Por suerte, sólo habíamos hecho unos pocos pasos cuando nos cruzamos con una pareja que subía (y por cierto, estaban completamente secos, cosa extraña cuando hacen más de 30 grados). Sólo para asegurarnos, les preguntamos si por ese camino llegábamos a la playa, y nos dijeron que sí. “Pero -nos aclararon- cuesta 20 euros bañarse“. Como hablaban en italiano creímos haberles entendido mal, y les preguntamos de nuevo, pero no: nadar en esas aguas azules costaba 20 euros por cabeza! Eso explicó por qué la pareja estaba seca (creo que se habían llevado la misma desilusión que nosotros, porque su tono era de indignación al decírnoslo).

Después de quedarnos un rato puteando protestando pacíficamente, decidimos volver e ir a las playas que están al lado del embarcadero de los ferrys, que a simple vista no son tan soñadas como las otras, pero.. son gratis! Y la verdad, dicho sea de paso, es que no nos decepcionaron. El agua es como una pileta, tan clara que te podés ver los pies perfectamente! Y el paisaje que se ve desde el agua es alucinante también.

Las playas son rocosas, pero el mar es alucinante

Las playas son rocosas, pero el mar es alucinante

Eso sí (último consejo por hoy): si tienen, lleven algún zapatito de goma, de esos que son como zapatos de bailarina pero impermeables, porque las playas son de rocas, no de arena, y entrar y salir del mar descalzo termina pareciendo una travesía (y con ojotas es peor porque se te salen, o se te meten las piedras entre los pies y la ojota y no te podés mover)! Igual, si no los tienen, siempre viene bien entrenar a nuestros pies, que después de todo, son los que tienen que soportar todos los caminos que rodemos =)