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Rodando Caminos

Trekking Kalaw – Inle lake

octubre 17, 2018
Bambú bridge

Una de las cosas que teníamos claras cuando fuimos a Myanmar, era que queríamos conocer el país todo lo más auténtico y virgen que pudieramos ver.

Y para eso nada como recorrer sus campos de arroz, sus montañas graníticas erosionadas por un clima tropical. Pero sobre todo sus gentes y el sentir de la vida rural.En Myanmar tienes trekking por casi todas las regiones del país. Algunas como Inle Lake o Mandalay están más explotadas que otras. Y en nuestro camino nos cruzamos con muchísimos españoles.

LLegar a Kalaw

Desde Bagan, cogimos un autobús nocturno, que nos llevó durante 8 horas, por carreteras imposibles, que en Europa se considerarían más como una pista forestal que por una vía de circulación.

Y aunque la distancia no era mucha, moverse en transporte rodado por Birmania, se hace lento y peligroso. Es por eso por lo que cogimos dos vuelos internos de la capital a Bagan y de Inle Lake a Yangón. Lo que encarece bastante el viaje.

Un taxi ranchera, nos recogió en nuestro hotel de New Bagan y nos llevó hasta el autobús, con rumbo a Kalaw. Era un clon de los que encuentras en Tailandia cuando haces viajes. Muy espaciosos, con asientos reclinables y venían preparados con mantita, antifaz y una botella de agua mineral de cortesía.

Y tan “bellamente” decorados como los de su país vecino. Fue como si mi abuela hubiera tejido un tapete para cada apoya cabezas. Y las cortinas…., jajaja. La verdad que se nota que se lo curran, aunque no sean de los gustos actuales de Occidente. Te dejo las fotos para que veas y comentes si lo deseas.

Llegamos a las 3 de la mañana, donde nos esperaba alguien del hotel para llevarnos a nuestras habitaciones. Que lástima que solo fueramos a estar 4 horas durmiendo.

Trekking de dos días Kalaw – Inle Lake

Hacer un trekking por Birmania, fue en parte, como hacer un viaje al pasado que vivieron nuestros bisabuelos. Trabajando la tierra, con animales. Con mujeres campesinas que portan cada tarde el pan para sus casas. Y con niños que aún saben jugar con la cosa más insignificante.

Y aunque vimos pobreza, no vi un atisbo de tristeza en sus ojos. Tal vez trabajar la tierra y el día a día, les hace vivir el presente, sin angustiarse por hipotecas o no cumplir las expectativas.

Día 1 (21 Km)

Esta ruta se puede hacer pasando una o dos noches en una aldea local.

Comimos y dormimos en casas de bambú, cerradas con un pequeño entramado también de bambú. Y cubiertas por chapas metálicas, donde las gotas de lluvia retumban haciendo mucho más ruido.

Las casas no tenían agua corriente y apenas una pequeña bombilla servida por una placa solar. El baño por supuesto, está fuera, en una letrina común para toda la aldea. Y la ducha, era un recinto a media altura construído con bloques de hormigón. Para mí ducharme a cazos con el agua recogida de la lluvia, y en mitad del pueblo, está bien para un ratito.

En las casas vimos que tenían un pequeño aparador con una imagen de Buda al que realizaban ofrendas. Es muy importante que nunca apuntes con los pies a la imagen. Pues ellos lo considerarán como una ofensa.

Día 2 (15 Km)

El segundo día gracias a nuestra altitud, pudimos avistar el Lago desde casi 10 km en la distancia. Los campos de arroz, dejaron paso a la huertas de hortalizas y tubérculos.

A nuestro paso, árboles milenarios nos recibían para acogernos bajo su copa y darnos un poco de refresco.

Cuando comenzamos el descenso, comenzamos a ver cientos de bolos graníticos en el suelo. El entorno era tan mágico, que las rocas parecían seres de la jungla que por la noche se transformaban en criaturas mitológicas.

Cruzamos también un paso fronterizo del parque natural de Inle Lake, en el que tuvimos que pagar un pequeño impuesto (¿Cómo no?). Creo que los birmanos solo ven en los turistas tarjetas de crédito con ojos. Eso sí, por complacerte son capaces de hacer lo que sea.

Al bajar y abandonar la reserva protegida, tuvimos que enseñar estos pases. Comimos cerca en un restaurante al aire libre. Con pequeños cobertizos para proporcionar la tan ansiada sombra. Este día no nos pintamos la cara con barro amarillo.

Después de comer, un camino de 800 metros nos llevó a una ramificación del lago, donde un barquero nos esperaba para cruzar el lago. Y visitar sus aldeas, asentadas en el fondo del lago con largas estacas de bambú. Aquello era la Venecia del sudeste asiático.

Cada pocos metros, paraba la embarcación para que hicieramos las compras típicas. En uno de las tiendas, nos enseñaron como trabajaban la plata local y además había un gran expositor de joyas con piedras preciosas engarzadas.

Rubíes de Myanmar

Había oído hablar de la riqueza de minerales de las tierras del norte. Y de sus precios bajos, debido en gran parte, a que muchas de estas piedras las extraen con mano de obra esclava. Sí, todavía quedan regiones del mundo donde la esclavitud no está abolida totalmente.

Me interesé por unos pendientes con una piedra pequeña pero preciosa. La tendera me dijo que eran rubí auténtico pero de una calidad inferior. En Yangón pude comprobar su autenticidad, ya que aunque los compré por diez veces menos de lo que pagaría en España. Lo cierto es que la ausencia de imperfecciones es lo que hace que el valor de una gema crezca exponencialmente.

Mujeres jirafa

En la siguiente tienda que paramos, pudimos ver la artesanía local y a las propias mujeres jirafa, confeccionando telares, que después vendían. Mujeres jirafa en una tienda de artesanía tradicional en inle lakePero aunque son originarias de Burma, la mayor parte de la tribu, se trasladó a la frontera de Tailandia, por las tensiones políticas. Las mujeres que vimos, eran más una atracción que una realidad. Una especie de circo puntualmente montado para el turista.

Las mujeres cuello jirafa, no tienen esta deformidad porque se les alargue el cuello, con espirales de latón, las cuales se le van añadiendo anillos cada cinco años. Básicamente lo que sucede, es que son los hombros los que descienden de su posición original. Además del cuello también llevan aretes debajo de las rodillas.casa tradicional sobre el lago inle en MyanmarSeguimos cruzando el lago hasta llegar a la localidad turística , que este año se veía desolada porque el conflicto con la minoría islámica Rohinya, en la frontera con Bangladesh, había espantado a muchos turistas. Más por el boicot al actual gobierno de Myanmar que por el temor a conflictos.

Y fué en esa parte de nuestro viaje, donde más pudimos disfrutar del auténtico sabor al sudeste asiático.